De Poinciana

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El Malinche, Framboyant o Ponciana es uno de los cinco árboles más hermosos del mundo. A Cuba llegó cuando alguien, en Madagascar, se enamoró de su belleza y decidió que la isla estarái aun más bonita con ese árbol. Inspirado en su colorido, en Cuba se empezó a oír “La canción del árbol” que a su vez inspiró a Nat Simon. Corría el año 1936 y nació “Poinciana”. Se convirtió en un bello standard que interpretaban luminarias como Glenn Miller, Benny Carter o Duke Ellington hasta que un día cualquiera, en 1958, un joven pianista  llamado Fritz Jones, lo interpretó en el Pershing Lounge de Chicago. Hipnotizó a todos. Nadie hasta entonces lo había interpretado de esa manera, suerte que había un equipo de sonido que lo registró. El resultado fue un disco que vendió millones de copias, casi tantas como el Take Five de Brubeck o el Watermelon de Herbie Hancock.

De Poinciana y Ahmad

Maestro del espacio, del tiempo y sobre todo del silencio, el pianista nos permite imaginar la suite de una armonía, de una frase. El Festival Internacional de Jazz de Granada contó con su presencia hace algunos años. Aún recordamos no solo su maestría sino su bondad y una personalidad exquisita. En este concierto Jamal es el líder pero permite brillar con luz propia a su sección rítmica: Reginald Veal extrayendo del contrabajo las mejores notas y Manolo Badrena y Herlin Riley complementándose eficazmente para mantener un ritmo constante e hipnótico.

Ahmad Jamal no compuso Poinciana, pero es igual, este es su tema y nadie mejor que él lo toca, tanto que no hay concierto que no se lo pidan. Tal vez como el mismo árbol Jamal haga que sea una de las canciones de jazz más bellas del mundo.